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Textos,
reflexiones y relatos para pensar |
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Paradojas de la creación
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Dicen que Dios creó al burro,
y le dijo: - Serás burro, trabajaras
al sol, cargarás sobre tu lomo todo
lo que te pongan y vivirás 20 años.
El burro le contesto: - Señor,
seré todo lo que me pides pero 20
años es mucho. ¿Por que no mejor
10 años? Y Dios creo al burro.
Después Dios creó al perro,
y le dijo: - Serás perro, cuidaras
la casa de los hombres, comerás
lo que te den y vivirás 15 años.
Y el perro le contesto: - Señor,
seré todo lo que me pidas pero 15
años es mucho. ¿Por que no mejor
10 años? Y Dios creo al perro.
Luego Dios creó al mono, y le
dijo: - Serás mono, saltaras
de árbol en árbol, harás payasadas
para divertir a los demás y vivirás
10 años. El mono le contesto:
- Señor seré todo lo que me pidas
pero 10 años es mucho. ¿Por que
no mejor 5 años? Y Dios creo al
mono.
Finalmente Dios creó
al hombre, y le dijo: - Serás
el mas inteligente de la tierra,
dominarás al mundo y vivirás 30
años. El hombre le contesto:
- Señor seré todo lo que me pides
pero 30 años es poco ¿Por qué no
me das también los 20 años que no
quiso el burro, los 15 que no acepto
el perro y los 10 que rechazo el
mono? Y Dios creo al hombre.
Y he aquí la paradoja: Así
es que el hombre vive 30 años como
hombre, después se casa y vive 20
como burro, trabajando de sol a
sol y cargando sobre su espalda
el peso de la familia, luego se
jubila y vive 15 años como perro,
cuidando la casa, comiendo lo que
le den y termina viviendo 10 años
como mono, saltando de casa en casa
de los hijos, y haciendo payasadas
para divertir a los nietos.
Anónimo |
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Maneras de vivir
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Un hombre de cierta edad llego
a la clínica donde trabajo muy temprano
para hacerse curar una herida leve,
se le notaba que tenia prisa, preguntando
en demasía cuanto quedaba para terminar,
así que le pregunté cual era el
motivo por el cual tenia tanta prisa. Me
dijo que tenía que ir a una residencia
para desayunar con su mujer como
todos los días, que vivía allí,
me contó que llevaba ya tiempo en
ese lugar y que tenía un Alzheimer
muy avanzado. Terminando
la cura de la herida, le pregunté
de nuevo si ella se inquietaría
mucho al llegar tarde esa mañana.
-No, me dijo, ella ya
no sabe quién soy, hace ya casi
cuatro años que no me reconoce.
Entonces le pregunté extrañado.
-Y si ya no sabe quién
es usted ¿Por qué esa necesidad
de estar con ella todas las mañanas?
Me sonrió y dándome la
mano me dijo: -Ella no sabe quién
soy yo, pero yo si sé muy bien quién
es ella. Anónimo |
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